Posteado por: belenalvarezpalomo | 29 noviembre 2012

Biocombustibles: por qué no son la solución

Los biocombustibles llegaron como una solución ideal para reemplazar a los sucios combustibles fósiles, ya que parecía que todo el CO2 que se producía en la combustión volvía a ser recogido de la atmósfera al crecer la nueva cosecha. Pero faltaban muchos elementos en la composición del cuadro y tenidos en cuenta, ya es hora de quitar el “bio” de los combustibles orgánicos.

Vamos a analizar los problemas básicos que implican los biocombustibles y que son inherentes a su propia naturaleza.

Por una parte los que proceden de cultivos alimentarios industriales (como el maíz) pueden producir más emisiones de las que ahorran debido al gran uso que hacen de combustibles fósiles para su producción. El planteamiento principal que se hizo de que las cosechas absorberían al crecer el CO2 que emitido como combustibles, no consideraba las grandes emisiones de su proceso de producción (tractores, fertilizantes, etc.). En muchos de los casos el balance neto es muy pobre o incluso negativo, lo que les hace no ser competitivos respecto a las energías renovables.

Los que proceden de otras cosecha, como el aceite de palma, a menudo crecen en tierra en la que se ha talado bosque tropical para cultivar la palma. Esto genera cantidades enormes de emisiones de CO2 y de pérdida de biodiversidad y de hábitats valiosísimos. En Indonesia el cultivo de palma ha causado una pérdida vertiginosa de la selva tropical y del aumento de las emisiones. Pero aún tenemos otro efecto que no se ha tenido en cuenta en los cálculos hasta recientemente y es el cambio indirecto en el uso de la tierra. En los últimos años, en los que gracias a la presión de los grupos ecologistas y locales se ha evitado cultivar los biocombustibles zonas de selva tropical o protegidas, se ha observado en gran escala el fenómeno del cambio de uso indirecto de la tierra: la conversión de tipos de tierra que almacenan carbón, como bosques, praderas y humedales en tierra de cultivo para alimentos, forraje y fibras que, a su vez, han sido desplazados para cultivar biocombustibles.

Cuando la Unión Europea inició hace años su campaña para conseguir un 10% de biocombustible en el transporte para el año 2020, los cálculos de emisiones debidas a los cambios del uso de la tierra no fueron tenidos en cuenta y por eso el balance parecía salir positivo. Por suerte, esto se está poniendo de relieve a nivel gubernamental: la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos ha declarado que el biodiesel hecho de aceite de palma no contará en el mandato de combustibles renovables, porque dañan el clima y en la Unión Europa ya se alzan voces para decir que los biocombustibles de palma, soja y colza causan más emisiones de gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles, si se tiene en cuenta el cambio de uso indirecto de la tierra. En algunos casos, como los derivados de azúcar de caña o maíz, todavía pueden resultar en un ahorro de gases invernadero. Pero estas reducciones son en realidad pequeñas y pueden verse sobrepasadas en mucho por otras medidas más simples como la mejora de la eficiencia de los motores de los coches, especialmente en países como E.E.U.U.

Otro grave problema que acarrean los biocombustibles es el de disparar los precios de los alimentos básicos al aumentar la demanda de la tierra usada para producción de alimentos. Esto supone una grave amenaza sobre todo para las personas de renta más baja las cuales dedican la mayor parte de sus ingresos a comprar alimentos. Y esto afecta a todo el mundo por la inestabilidad social generada. El Comisario de Medio Ambiente de la UE ha puesto por fin los objetivos de biocombustibles de la UE en entredicho al asegurar que: “hemos visto que los problemas medioambientales causados por los biocombustibles y también los problemas sociales son mayores que los que pensamos que serían. Así que tenemos que movernos con cuidado”.

Otro aspecto importantísimo a tener en cuenta es el uso de agua. Este factor sería probablemente el más limitante, más que la tierra accesible, a la hora de producir biocombustibles a gran escala. Actualmente, el 70% del agua dulce ya se emplea para la agricultura y los biocombustibles se llevan un 3% de esta. Además de la escasez, afectaría a la calidad del agua, por la producción de aguas residuales contaminantes.

Más problemas aún: los biocombustibles, como cualquier gran monocultivo a gran escala suponen una amenaza a la biodiversidad y son proclives a la aparición de plagas.

Diferente de la producción de cultivos es el aprovechamiento de residuos orgánicos de otras industrias para producir biocombustibles. Por ejemplo, la producción de butanol a partir de restos de la industria papelera o el aprovechamiento de los huesos de aceitunas. Esta aproximación es radicalmente diferente y los impactos ambientales son algunos compartidos con los anteriores y algunos diferentes. En cualquier caso, es difícil que se pueda llevar a gran escala y resolver por sí sola el tema de las emisiones debidas al transporte.

Por último, la presencia de biocombustibles en la mezcla de los motores de combustión normales no hace más que alargar la vida de los combustibles fósiles en el transporte, posponiendo la adopción de soluciones realmente sostenibles: la eficiencia energética, el uso racional de los recursos y las energías renovables.

 


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